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šŸ“° Lo que significa un enero seco para la sequĆ­a de California šŸ“° Acciones previas a la comercializaciĆ³n: el auge de la pandemia ha terminado. Solo pregĆŗntale a Peloton y Netflix

Una portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Kirsten Allen, dijo que la administraciĆ³n “ha realizado una serie de inversiones y ha lanzado varias iniciativas que cubren una amplia gama de prioridades de salud mental, incluido el apoyo a los niƱos que han perdido a sus padres”.

CitĆ³ el consejo del cirujano general y la expansiĆ³n de varios programas existentes. En mayo, por ejemplo, el departamento anunciĆ³ que estaba liberando $ 14.2 millones, asignados por el Congreso a travĆ©s del American Rescue Plan, para ampliar el acceso a la atenciĆ³n de salud mental pediĆ”trica. El plan de rescate tambiĆ©n proporcionĆ³ dinero para programas de prevenciĆ³n del suicidio y un programa para mejorar la atenciĆ³n y el acceso a los servicios para los “niƱos traumatizados”.

John Bridgeland, fundador y director ejecutivo de la colaboraciĆ³n, dijo que expandir los programas existentes no era suficiente. ā€œNecesitamos un esfuerzo enfocado para ayudar a la insoportable pĆ©rdida de estos 167.000 niƱosā€, dijo.

Perder a un padre o cuidador es difƭcil para un niƱo en tiempos normales. Pero los expertos en consejerƭa para el duelo y los funcionarios escolares dicen que la pandemia ha cobrado un precio especial.

ā€œLa muerte de un padre es algo con lo que lidiamos todo el tiempo, no solo con Covidā€, dijo Susan Gezon Morgan, enfermera escolar en Emmett, Idaho, una pequeƱa ciudad en las afueras de Boise. “Pero creo que el hecho de que Covid estĆ© en las noticias y sea tan repentino, y muchas veces sea un padre joven, parece mucho mĆ”s traumatizante”.

En una comunidad pequeƱa como Emmett, donde todos conocen a todos los demƔs, dijo Morgan, el dolor es en ambos sentidos. Los niƱos en duelo pierden su privacidad, pero tambiƩn tienen una comunidad unida para brindar apoyo. En las grandes ciudades, es otra historia.

El Sr. Jackson, de Reisterstown, Maryland, en las afueras de Baltimore, estĆ” educando en casa a su hija, Akeerah, en parte porque teme que sus compaƱeros sean insensibles, alentĆ”ndola a “simplemente superar” su pĆ©rdida.

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